TYWIN
– ¿Y ahora qué? –Se preguntó a sí mismo.
No
imaginó que la encontraría tan pronto, y mucho menos allí. Ni siquiera había
planeado qué hacer o qué decir. Pero allí estaba, solo a unos pocos metros de
distancia, de espaldas a él, y Tywin sentía que le faltaba valor para acercarse
a ella, para comunicarle que seguía allí.
«Si estuviera ella sola sería más fácil»,
se decía a sí mismo, cambiando su peso de un pie a otro, dubitativo. No sentía
gran admiración por la familia real, mas su sentido del deber le indicaba que
debía guardar respeto ante ellos. No podía simplemente acercarse a Joanna y
sacarla de allí, sin dar más explicaciones, y mucho menos podía interrumpir las
tareas de la princesa con sus doncellas. No era lo correcto.
«¿Pero entonces cuándo?» ¿Cuándo volvería
a tener a Joanna tan cerca?
Precisamente
ella había sido la causa por la que no había regresado a la Roca, y su
estancia en Desembarco no sería muy larga. Por ese motivo debía aprovechar
cualquier momento…
Pero
ahí seguía, en pie, inmóvil, observando aquella cascada dorada que caía sobre
la espalda de Joanna. «Maldita sea.»
Decidió salir de allí, era mejor marcharse que continuar torturándose de
aquella manera. Fue justo cuando iba a girar sobre sí mismo que Joanna se dio
la vuelta y su mirada se cruzó con la suya propia. Tywin se irguió
inconscientemente, echando los hombros hacia atrás al ver que Joanna lo había
distinguido entre todo el gentío. La expresión de sorpresa en el rostro de la
joven era tan evidente que la propia Rhaella se percató y miró en la misma
dirección que ella, queriendo averiguar qué era lo que había llamado la atención de su
doncella. Cuando fijó sus ojos en Tywin sonrió, como si comprendiera a la
perfección qué era lo que pasaba. Esto extrañó mucho al joven Lannister, pero mayor fue
su sorpresa cuando vio como Rhaella agarraba a Joanna del brazo y la tentaba a
caminar hacia él mientras le susurraba cosas que Tywin no alcanzaba a escuchar.
Ya
no había marcha atrás, no podía huir. La princesa Targaryen le había reconocido
y se acercaba a él, dispuesta a saludarle. Lo único que podía hacer era
permanecer erguido y rezar porque la presencia de Joanna no le alterara como
en días anteriores.
–
No me equivoco al afirmar que vos sois Tywin Lannister, futuro señor de Roca Casterly,
¿no es así? –Preguntó una sonriente Rhaella.
–
Así es, Alteza –contestó Tywin inmediatamente a la vez que se reverenciaba ante
ella, mostrándose tranquilo aunque le fuera imposible obviar a la joven rubia
que se encontraba al lado de la princesa.
–
Es una sorpresa veros aún en la capital. Joanna me aseguró que vuestra familia
partió hace un par de días al salir el sol.
–
Y así fue, Alteza. Yo soy el único que ha decidido permanecer un tiempo más.
Asuntos familiares –resolvió con rapidez.
–
¿Asuntos familiares? Si necesitarais algo podéis contar con mi ayuda.
–
No Alteza, no se preocupe. No es nada que no pueda resolver por mí mismo.
–
De acuerdo, no insistiré más –declaró Rhaella–. Debo retirarme, mi señor. Ha
sido todo un honor volver a veros –dijo, inclinando la cabeza a modo de
despedida.
Después
de ello, le dirigió una mirada suspicaz a Joanna y se alejó del lugar junto a
Ser Barristan Selmy. Mas la joven Lannister permaneció quieta en su lugar,
ruborizada y sin decir ni una sola palabra. Esto sorprendió al muchacho.
–
¿Ocurre algo? –Preguntó finalmente.
–
No, claro que no, en absoluto, ¿por qué lo preguntáis? –Contestó Joanna al
momento.
–
Te noto nerviosa. Y la princesa parecía que también ocultaba algo. ¿Siempre es
tan amable?
–
Sí, es así con todo el mundo. No os preocupéis por ella.
–
¿Y por ti debería preocuparme?
–
En absoluto, mi señor. Yo me encuentro perfectamente.
–
Permite que lo dude.
–
Os aseguro que no me ocurre nada.
–
De acuerdo, no insistiré más, pero ya que estás aquí y no te has marchado con
la princesa, ven conmigo.
–
¿Con vos? ¿A dónde? –Preguntó nerviosa.
–
A dar un paseo, mujer, ¿a dónde creías que te iba a llevar?
–
Oh, perdonadme… No quería…
–
No importa –le cortó Tywin mientras avanzaba e instaba a la Lannister para que
siguiera sus pasos. Cuando la chica comenzó a caminar a su lado, volvió a
preguntar: – ¿Te encuentras incómoda por lo que sucedió?
–
No exactamente, mi señor. Lo que me sorprende es que estéis aún en la capital.
–
¿Y eso te incomoda?
–
Depende de cuáles sean vuestras intenciones.
Tywin
no pudo evitar que una leve sonrisa se dibujara en su rostro al escuchar
aquello. Verdaderamente Joanna era una mujer fuerte, y aunque hubiera
correspondido a su beso, estaba claro que aún no confiaba ciegamente en él. Pero
lo cierto es que aquella desconfianza le gustaba. «Es una leona, no será fácil de conquistar.»
Al
ver que Joanna había sido muy clara en su respuesta, él decidió actuar de la
misma forma: – Mis intenciones son evidentes: deseo pasar más tiempo contigo.
Tú no puedes ir a la Roca pero yo sí puedo permanecer unos días en Desembarco.
Lo que te dije aquella noche era cierto.
–
¿Que me amáis? –Preguntó Joanna con un leve sonrojo.
–
Así es. No creas que voy proclamando mi amor a toda mujer que se cruza en mi
camino.
–
No sería de extrañar –Tywin la miró sorprendido y algo irritado por esta
afirmación, por lo que Joanna rectificó inmediatamente–. No me refiero sólo a
vos. No penséis que lo digo como algo personal. Todo lo que sé de vos es que
sois un caballero muy recto y digno de la posición que ocuparéis en un futuro.
Jamás escuché una sola mala palabra, mas sé que no debo confiar solo en las
habladurías de los demás. Debo cerciorarme por mí misma.
–
¿Y ha habido algo que te desagradara de mí? –Preguntó Tywin directamente.
–
No… –respondió Joanna con cierta timidez–. No aún. De hecho disfruto de vuestra
compañía y no negaré que siento algo distinto hacia vos. Pero comprended que
vuestra decisión de permanecer aquí en estos momentos me sorprenda y me haga
desconfiar.
–
No me desagrada tu desconfianza, todo lo contrario. Me alegra comprobar que la
mujer en la que he posado mis ojos sea astuta y precavida, además de hermosa e
inteligente.
Tywin
miraba fijamente a Joanna mientras decía aquellas palabras, por lo que pudo
comprobar el efecto que ellas causaban en la joven. Sus ojos se abrieron con
asombro, sus mejillas se ruborizaron y sus labios se entreabrieron con
sorpresa. «Por los Dioses, ¿qué me está
pasando?» Aunque no permitía que su cuerpo le traicionara, se sentía
estremecer ante la visión casi angelical de Joanna. Sin embargo, no era un ángel dulce e inocente.. No, ella era un ángel con una gran
fuerza interna, casi como una guerrera. «Cada
vez pienso más tonterías, como siga así me voy a volver loco.»
–
No sé qué deciros en este momento –confesó finalmente Joanna.
Tywin
dejó de caminar y se posicionó frente a ella, para poder mirarla directamente.
–
Sé que mi presencia ha debido impresionarte y quizás te haga dudar sobre mí,
pero lo último que quiero es incomodarte. Mi permanencia en la capital no será
muy duradera, dos semanas… tres a lo mucho. No me siento tranquilo estando lejos de la Roca, por eso quiero aprovechar esta oportunidad. Lo único que
anhelo es verte durante estos días hasta que me marche. Quiero que nunca más
vuelvas a sentir esa desconfianza hacia mí… Aunque tu posición es mucho más
favorable que la mía: en cuanto te sientas presionada puedes acudir a la
familia real a pedir ayuda –dijo arqueando levemente las cejas.
Joanna
no pudo evitar reír levemente ante ese último comentario: – En eso lleváis
razón, vos estáis solo aquí.
–
Sí, así es –Tywin la miró unos segundos en silencio–. Bueno, ¿aceptas mi
pequeña proposición?
Joanna
le miró y sonrió sutilmente: – Es posible –dijo justo antes de reanudar el
paseo.
adhakhdskajhdkahd y askjdjkadkshd y askdhkjahdskahdk QUÉ ME DAAAAAAAAAAAAAAAAA. Tywin en modo grrrrr Si Joanna no acepta...YO ACEPTO, ACEPTO. XDDD
ResponderEliminar¡¡¡Capítulo genial!!!
Pd: dame más drogaaa XDD
Jajajaja, ¡ahora mismo te doy más droga!
EliminarMe encanta tu comentario xDDD "Si Joanna no lo quiere, pa mí" xDDDDDDDD